El rugby como una nueva oportunidad para los relegados sociales

Carlos Ramallo es ingeniero, padre de familia y abuelo. Toda su vida estuvo al ligado al rugby, jugando en el San Isidro Club, SIC. Allí forjo grandes amistades y valores, que lo llevaron a fundar el Virreyes Rugby Club en el 2002.

El “Corto” como lo llaman sus amigos y su familia, jugó al rugby casi toda su vida. Su padre, sus hermanos y sus primos, también formaban parte del San Isidro Club, SIC. En el SIC cuenta la leyenda que era un excelente wing. Rápido, ágil y con mucho try. Llegó a jugar en el seleccionado de Buenos Aires y en Los Pumas.

Luego de su etapa como jugador en el SIC, ejerció otro rol, el del entrenador de infantiles y juveniles. Luego de muchos años de entrenar, le surgió la idea de ayudar a los demás con el rugby. “Desde el juego lograr la sociabilización entre personas de diferentes posibilidades sociales”, dice Carlos. Entonces junto al otro fundador, Marcos Julianes ex jugador del CASI, eterno rival del SIC, se les ocurrió que podían darle la posibilidad de poder jugar al rugby a un sector de la sociedad, Virreyes en San Fernando, que no tenía acceso a ningún club.

 

En 2002 finalmente nació el Virreyes Rugby Club, VRC. Un club para gente que no conocía el juego, que no sabía que existía una pelota ovalada, pero que necesitaba un lugar para salir de la calle. Con la ayuda de los otros clubes, Virreyes comenzó a jugar en divisiones inferiores. Juan Francisco Celesti, voluntario en VRC y jugador del CASI, cuenta que cuando jugaba en inferiores le daba mucho miedo y pereza jugar contra Virreyes porque no sabían las reglas. “En vez de tacklear, te ponían el pie como si fuera futbol”, agrega Juan Francisco.

Hoy muchos llaman al VRC una fundación y a Carlos no le gusta. “Es un club de rugby con todas las letras”, corrigió. Él lo ve como un espacio de desarrollo personal y colectivo para una comunidad relegada en muchos aspectos. Orgulloso, cuenta que el club brinda posibilidades de crecimiento de todo tipo. De manera espiritual, física y social.

No todo el camino de la fundación fue fácil. Tanto Carlos como Marcos, ambos fundadores, tuvieron que renunciar y cambiar su forma de vida. “Más que renunciar a cosas, tuve que redireccionar objetivos y necesidades”, comenta Carlos mientras hojea un libro de fotos de Virreyes. Asimismo, cuenta que los cambios de rutinas siempre se han hecho con alegría y convencimiento, ya que el objetivo era claro.

En este proceso su familia “fue clave”. El “Corto” rescata de su familia es la paciencia que le tuvieron. “Se comprometieron con la causa mayor brindado su tiempo y su paciencia. Sobre todo a mí”, aclara el exwing del SIC. Rescata conversaciones con su mujer y charlas en la mesa donde necesitaba el apoyo de su familia. “Sobre todo la primer etapa que fue muy difícil”, recuerda.

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Carlos Ramallo recibe la distinción de la IRB. Credito: IRB

Hoy en día las cosas son distintas. El club creció. Aumentaron las ayudas estatales y privadas. Se suman cada día más voluntarios para dar una mano. Pero también cambió el día a día de Carlos. “Mi relación con el club es permanente. Desde entrenar divisiones a administrar y buscar recursos para mantener y crecer todos los días un poco más”, aclara. “Hoy por razones laborales el día a día no lo tengo, como antes”, se lamenta. Pero aclara que por suerte existen personas que pueden reemplazarlo en esas tareas.

Lo que más le sorprende de esta “aventura” es el cambio en las personalidades de los chicos, su mirada y su perspectiva de futuro. “Hoy ven algo que antes no solo no se les ocurría sino que no sabían que existía”, comenta Carlos.

Hoy Virreyes Rugby Club no solo es un club de rugby, por más que a Carlos no le guste. “Es un lugar de desarrollo personal. Un espacio que los chicos eligen día a día”, detalla. Además, el club además ofrece a sus jugadores un espacio pedagógico de educación no formal a través de tutorías y talleres. A más de 10 años de vida el club cuenta con 8 divisiones infantiles, 4 divisiones juveniles y un plantel superior. En 2010 el International Rugby Board (IRB) distinguió a Virreyes Rugby Club con su prestigioso premio al “Espíritu del Rugby”.

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