La comida y el estado de ánimo, dos fenómenos inseparables

Las dietas que eliminan alimentos o comidas no solo repercuten físicamente, sino que suponen una amenaza para el estado anímico y la estabilidad emocional.

Con una energía alentadora y el afán por recuperarse, Lourdes Colabelli es una de los pacientes de la Fundación La Casita, el centro de atención y prevención para adolescentes con trastornos alimenticios. La joven de 20 años sufre del tane-restrictivo (TANE-R), un trastorno no especificado, que se diferencia de la anorexia nerviosa porque cumple con muchas de sus características pero no con todas. Por este motivo, asiste a la fundación desde el 2013 en busca del equilibrio con respecto a las comidas y con el ideal de volver a sentirse óptima. Si bien aún no está dada completamente de alta y continúa como paciente habitual, hoy atraviesa una de sus mejores etapas y se reconoce apta para reflexionar sobre su proceso.

“En mi peor momento de flacura y desnutrición, noté que estaba más sensible de lo normal, que todo me afectaba el doble y que siempre estaba de muy mal humor”, confiesa Lourdes. Porque como explica Lucía Beresñak, psicóloga de La Casita, investigadora de trastornos alimentarios y miembro del Grupo Psiconutrición, la alimentación y el estado de ánimo van de la mano. El humor depende en gran parte de las hormonas, y para que las hormonas funcionen con normalidad, la alimentación es un factor clave. De hecho, es visible cómo las personas que están a dieta se vuelven irascibles, ansiosas o irritables, por la privación de algunos grupos de alimentos, como los hidratos de carbono, las grasas y los azúcares.

“Me siento mejor que hace dos años pero sigo yendo a La Casita porque sé que aún continúo en el proceso de aprender a comer a bien”, aclara Lourdes.
Fotos: Martina Barone

Debido a la sobreabundancia informativa que ofrece Internet, resulta fácil encontrar una gran cantidad de consejos y dietas para bajar de peso y obtener una figura aparentemente perfecta. Sin embargo, Micaela Lucero, nutricionista de La Casita y creadora de “Nutriendo Escuelas”, sostiene que en la mayoría de los casos, no se muestra la otra cara de la historia. “En las redes aparecen chicas mostrando sus cuerpos con recetas que supuestamente las condujeron a eso. Pero lo que no se ve es que probablemente esas personas se mataron en el gimnasio o que quizás esa es la única comida que ingirieron en el día”, afirma Lucero.

“Todo nutriente tiene una razón de ser”, asegura la nutricionista Micaela Lucero

Según una investigación realizada en la UBA, por la filósofa y psicóloga Susana Quiroga, entre el 12% y el 15% de los adolescentes en la Argentina padecen trastornos alimentarios. El 90% de los afectados son mujeres y el 10%, varones.

Asimismo, Beresñak asegura que actualmente es común que las jóvenes, de entre 17 y 25 años, armen sus propias dietas eliminando alimentos que han escuchado son más calóricos. Se basan en mitos alimentarios conocidos socialmente y a partir de ello desarrollan hábitos poco sanos. Parecería ser que reemplazan el conocimiento profesional por lo que pueden llegar a leer en un blog, una red social o un portal web.

El peligro de volcar toda la responsabilidad en una página de Internet radica en creer que ese es el único método necesario para adelgazar. La persona no solo caerá en la irritabilidad y el nerviosismo. Además, es factible que acabe frustrándose por no conseguir los mismos resultados que muestra la web, dado que hay otros factores que intervienen pero que normalmente se desconocen, como el metabolismo de cada uno o la actividad física complementaria. Por el contrario, podría desencadenar el efecto menos deseado: a raíz de la frustración, se abandona la dieta y se canaliza la emoción negativa comiendo de más.

“Todo nutriente tiene una razón de ser”, aclara Lucero. En el caso de las proteínas, su función es estructural: completan el desarrollo de los músculos y los huesos. Las vitaminas, junto con el hierro y los minerales, contribuyen al funcionamiento biológico general. Y los hidratos de carbono, que según la nutricionista tienen “mala fama”, aportan la energía necesaria para poder pensar, caminar, estudiar, concentrarse y memorizar. De este modo, suprimir una de las cuatro comidas diarias a largo plazo y erradicar alimentos sin ayuda profesional constituye una amenaza para el estado emocional. El cuerpo deja de funcionar óptimamente, aumenta la vulnerabilidad y la inestabilidad anímica y esto se manifiesta a través del cansancio, la irritabilidad y el nerviosismo.

La médica clínica para niños y adolescentes Ana Larrosa agrega y reafirma que el aspecto emocional no puede desligarse del aspecto físico. Según Larrosa, los pacientes malnutridos son apáticos, faltos de iniciativa, con lentitud en el procesamiento mental o están en alerta permanente por estrés.

“Hoy entiendo que lo más sano es comer de todo: si tengo ganas de comer un chocolate, un helado o comida chatarra, ya no me privo de ellos. Siempre y cuando encuentre el equilibrio y la medida justa con el resto de las comidas, creo que es importante permitirme esos gustos a los que antes les tenía miedo”, reflexiona Lourdes. A tres años de su presencia en La Casita, la joven perseverante admite que ahora goza de un mejor estado de ánimo, que ha logrado ser más espontánea con los alimentos y que vive más tranquila y relajada.

POR: MARTINA BARONE

 

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