Pipi Váttimos: “No tienen que ensuciar el fútbol”

Por Lucía Colli

El Pipi, pasional ex jugador de fútbol, continúa encontrando el lado bueno en la oscuridad del deporte a pesar de todos los obstáculos que le tocaron vencer.

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El Pipi con su humor habitual, divertido y jocoso. / LC

En el ámbito del conflicto entre los clubes y la Asociación del Fútbol Argentino, Antonio Humberto Váttimos, más conocido como “el Pipi”, afirmó: “El fútbol tiene muchas cosas que nadie asume o nadie quiere ver para no tener problemas, pero están ahí”.

Tiene 53 años, pero conserva su look de futbolista, con el pelo arreglado, anillos, y un arito. Habla mirando a los ojos  y enfatiza con golpes sus palabras. El Pipi dejó el fútbol porque, por un lado, ya había alcanzado una edad límite y no quería que sus hijos escuchen insultos, y por el otro, porque no le gustaba el fútbol sucio.

Empezó jugando al papi fútbol a los seis años hasta que Lanús lo llevó a jugar a cancha de 11 en sexta división. Su fascinación era alcanzar la pelota y soñaba con estar adentro de la cancha, hasta que a los 16 años se hizo realidad. Cuando tuvo que retirarse de ese club, lo despidieron emotivamente. Él lo recuerda y sonríe. En ese momento, estaba vivo su papá, quien era su representante, y su memoria lo alegra.

Siempre tuvo un lazo cercano con su familia. Cuando recibió su primera paga le regaló una casa a su mamá. Su esposa, lo acompañó cuando tuvieron que ir a lucharla a Córdoba. “No cobraba y nos la pasábamos comiendo fideos”, contó. Construyó su familia y su carrera a la par, firme, motivado y feliz. Hoy, le contagia su amor por el deporte a sus hijos, como a David, a quien guía en su carrera como futbolista.

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Él con Mabel, su mujer, quien lo apoyó en toda su carrera.

Según él, tuvo la oportunidad de jugar en las dos mejores décadas del fútbol argentino: desde Bochini y Alonso, ya retirándose; hasta Maradona, Caniggia y Pasarella. También, en Vélez compartió con jugadores de selección como Oscar Ruggeri, quien hoy es un gran amigo.

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Maradonna y el Pipi luego de un partido.

Además de los buenos momentos, vivió en carne propia el lado oscuro del deporte. “Todos dicen que no conocen a los barrabravas. Es mentira.”, confesó. El Pipi fue presionado y amenazado con armas por los barras de Huracán para que les diera dinero sin ninguna razón. “No tienen que ensuciar el fútbol”, remarcó gesticulando con las manos.

“Yo en Huracán era ídolo total, me amaban. Hasta el 94”, recordó con sentimientos mixtos. Mientras jugaba para el globo, su equipo perdió una final contra Independiente. La gente estaba muy ilusionada y los acusó de “haber ido para atrás”. El Pipi jamás tuvo la posibilidad de enfrentar las incriminaciones. Los hinchas los criticaron pero no sabían por todo lo que el equipo había pasado. En su mejor etapa, su presidente Juan José Zanola, vendió a al goleador Gabriel Amato, y desarmó el equipo. Además, tenían un grupo joven y nervioso ante la magnitud del partido. La situación agravó un problema sucedido con anterioridad. El Vélez de Bianchi había pedido al Pipi pero su club no lo quiso vender. Él se quedó en su equipo sin discutir y luego fue apedreado por la opinión de los hinchas. Eso lo llevó a decidir no ponerse nunca más la camiseta de Huracán.

Con la locura del momento, no se percató de que esa semana cerraba el libro de pases. “Por la personalidad y por la decencia que uno tiene no iba a permitir que me manejen así. Soy un tipo sano”, reconoció. Al negociar la mitad de la deuda que le debía el club se estaba quedando sin el dinero, sin jugar en primera y sin equipo. Afortunadamente, su amigo el Pipa Higuaín era el técnico de Platense y lo convocó a último minuto.

A los 35 años no entró más a una cancha pero siguió ligado al deporte. Hizo un año técnico para ser entrenador pero abandonó la idea ante las complicaciones de la industria. También se volcó al lado empresarial y manejó jugadores como Franco Mendoza, Pipi Araujo y Marcelo Barovero. Sin embargo, nuevamente, renunció por problemas del negocio. “No estoy para coimear, ni un arreglo”, explicó firme.

Hoy su vida eligió otro rumbo y tiene una empresa de plástico. Con su familia formada y sueños cumplidos, se siente agradecido de lo que pudo vivir. Ahora es un hincha más, y sigue viviendo su pasión. “Nací con fútbol y me gustaría morirme con fútbol”, declaró con una sonrisa.

 

 

 

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