Juan Carr: “Para cambiar el mundo se necesita del cualquiera”

Por Agustina Magán.

En el marco de un informe de la UCA que revela otro aumento en la pobreza, Juan Carr destacó que, hoy más que nunca, quiere ser un “cualquiera”. 

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JUAN CARR: “SOY UN TIPO COMÚN Y CORRIENTE PERO, SOBRE TODO, SENSIBLE”.

Hace tiempo, los comerciantes de la calle Maipú iniciaron la costumbre de juntarse a almorzar en el boliche de la esquina. Ya pasaron 30 años y la costumbre se convirtió en una vieja tradición. Todos los sábados al mediodía, llueva o truene, los “muchachos” se reúnen en la mesa que da hacia la ventana.  Aunque hace rato que Juan abandonó la veterinaria, todos los sábados regresa a aquel santuario para volver a ser uno de los muchachos, un “cualquiera”.

Apurado pero de buen humor, Juan abrió las puertas del boliche y algunos en la mesa le dedicaron unos chistes. “Siempre tarde vos”, le recriminaron con tono sarcástico pero inofensivo. “¿Tenés algo mejor que hacer que comer acá?”. Juan se rio con complicidad y tomó asiento. Con total naturalidad, le pidió a “Grace”, la moza, que le trajera una “birrita”. Apoyó su celular al lado del plato. Cada tanto lo revisaba. Pero eso no le impedía formar parte de la conversación.

A cada rato surgían anécdotas de años atrás. De allá por los 90, cuando Juan todavía tenía la veterinaria y empezaba a gestarse aquella tradición en torno a la mesa de los sábados. Juan recordó con nostalgia que le gustaba hablar sobre cambiar el mundo, y que, poco tiempo después, surgió Red Solidaria. Solo había hecho falta una computadora, un teléfono y buena predisposición. Así, la iniciativa no tardó en aparecer en los medios. “Cuanto más aparecíamos, más sonaba el teléfono, y nos dimos cuenta del valor de la comunicación”, explicó.

En la mesa, como en los medios, los proyectos de Juan son tema de interés, con la diferencia de que allí él no es “un activista que conmueve a la Argentina” o “un casi ganador del Nobel de la Paz”. En la mesa, Juan es un cualquiera. Y eso es exactamente lo que él quiere. “A mí me interesa mucho el cualquierismo”, afirmó con la satisfacción de haber inventado aquella palabra. “Yo admiro a Luther King, a Madre Teresa y a Nelson Mandela. Pero no puedo ser como ellos porque es sábado y quiero estar acá con mis amigos”, confesó.

En el marco de un nuevo informe de la UCA que revela otro aumento en la pobreza, el líder de Red Solidaria explicó la importancia del “cualquierismo”: “Estamos en un mundo que cree que solo los especialistas pueden actuar. Pero el cualquierismo sirve para recordarnos que cualquiera puede donar órganos, juguetes o tiempo”. Luego, entre un trago de cerveza y otro, Carr confesó que tiene miedo de aparecer demasiado en los medios y de empezar a verse como una figura inalcanzable, y explicó que por eso intenta poner ciertos límites.

Aunque hace política y se lleva bien con los políticos, Juan enfatizó que no es un político. Sin titubear, admitió que ningún gobierno podrá solucionar la pobreza, porque la solución depende de toda la comunidad. Desde este lugar hizo alusión a sus proyectos recientes. La Escuela de Líderes de la Comunidad, por ejemplo, está pensada para 2018. Pero, si bien tiene muchos proyectos en mente, Carr vive reinventando sus ideas. “Hace 15 minutos pensé en otro proyecto: donaciones mensuales para suplantar el sueldo de un desempleado”.

El teléfono de Juan sonaba constantemente y él se las arreglaba para contestar mensajes y no aislarse de la mesa en el intento. Aunque no le gusta la tecnología, admitió que es una herramienta para salvar vidas y que solo la utiliza para hablar con su familia o para difundir alertas solidarias. Popular en las redes sociales, Juan Carr ya tiene un millón de seguidores. Pero a él no le importa la cifra por la popularidad, sino por la red solidaria. “Un millón de seguidores  tienen que ser ejército para la paz”, afirmó el activista con una sonrisa soñadora.

Aunque no queda exento de las críticas, confesó que las entiende profundamente. “La realidad me humilla todo el tiempo. Yo digo que quiero cambiar el mundo pero siempre hay un chico que espera un trasplante y se termina muriendo. Eso me obliga a ser humilde”. Sus amigos asintieron con la cabeza como confirmando aquella última oración. Si es la actitud frente a la crítica la que define a la persona antes que sus logros, Juan Carr sigue siendo aquel humilde tipo de barrio que alguna vez fue. Sigue siendo un cualquiera que vive para recordarle al resto que juntos podemos cambiar el mundo.

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