El rugbier espiritual que superó abusos y violencia

Por Alejo Blasco

LA HISTORIA DE VIDA DE JUAN BAUTISTA SEGONDS

El rugbier espiritual que superó abusos y violencia

“El loco de la paz” es fundador y presidente de la ONG, Rugby sin Fronteras. Además, es coach holístico del equipo argentino de Copa Davis.

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“Recibo mucho más de lo que doy”, una de las máximas de Bautista. Foto: RadioPilarX

Juan Bautista Segonds decidió solamente cambiar de actitud, y con eso, todo cambió para él. Quiso ser el protagonista de su propia vida. Dejó atrás una vida de “quejas, corazas y violencia” para ocuparse de hacer lo mejor posible con su “metro cuadrado”. Lleva la espiritualidad y el deporte como banderas para dar un mensaje de paz.

Bautista (47) nació en Coronel Suarez y al poco tiempo viajó a Buenos Aires junto a su familia. “Tuve una infancia llena de abusos”, recuerda. Sus circunstancias lo obligaron a crecer de golpe y a aprender a valerse por sus propios medios: “A los 10 años ya era un empresario”, lamenta. Bautista aprovechó su potencia física, para hacer de la violencia la solución a todos sus problemas. “Llegué a convertirme en mi adolescencia en una especie de intocable”, confiesa.

Hubo un hecho que lo hizo cambiar. En 1990 asesinaron a su mejor amigo en una pelea de barrabravas en la que él participó. Bautista pasó un tiempo en la cárcel. “Al asesino ni siquiera lo llamaron a declarar porque tenía poder; a mis 21 años conocí la impunidad”, sentencia.

En ese momento, Bautista decidió “protagonizar” su vida. Primero, pensó en ser un empresario exitoso y lo logró, llegó a ser millonario, jugó al rugby en la primera del club Pueyrredón, perdió todo. Volvió a los negocios y al dinero. Lo citaron para jugar en Los Pumas, se rompió la rodilla y no pudo ir; fracasó de vuelta económicamente.

Conoció a unos maestros filipinos que curaron milagrosamente una metástasis de su abuelo. Resurgió. Bautista explica que con el conocimiento que adquirió de sus maestros, se dio cuenta de que sus trabas psicológicas y emocionales lo hacían autoboicotearse. “Si yo era feliz, era a costa de la muerte de mi amigo. ¿Por qué él y no yo?”, se preguntaba Bautista.

A partir de los filipinos, su vida dio un nuevo giro. “No tengo ningún título académico formal”, admite. Pero su formación y su estudio no se miden con graduaciones. Toma creencias de las culturas originarias, de religiones antiguas y actuales, pero eso no lo limita. “Llegué a entender que todo es válido. Solo se que no se nada y que mis creencias de hoy, no tienen por qué ser las mismas de mañana”, resume Bautista al hablar de su fe.

Rugby sin Fronteras es su medio para transmitir valores a través del deporte. Con esta organización que fundó y que preside rompió muchas barreras. “En Malvinas no tenemos relación con el gobierno argentino, no tenemos relación con ciudadanos argentinos y acá nadie juega al rugby”, fue la primera respuesta que recibió Bautista después de intentar durante meses hacer un encuentro entre kelpers y argentinos. Tiempo después, organizaron el primer encuentro deportivo entre ex combatientes ingleses y argentinos, en las Islas Malvinas.

“Cada uno representa a su familia, a su ciudad, a su país y a su deporte”, sostiene. El rugby también le sirvió como excusa para realizar un encuentro de paz entre israelíes y palestinos. “Estaba en Jerusalén y le preguntaba a mi Yo Superior qué estaba haciendo yo ahí”, recuerda Bautista.

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Bautista viaja en cada serie con la delegación de la Copa Davis. Foto: @bautistasegonds

Hoy, Bautista es coach holístico del equipo argentino de Copa Davis. Junto al capitán Daniel Orsanic, juntos crearon el programa “Valores” que incluye, además, trabajos con los tenistas juveniles del conjunto nacional. “Los deportistas del alto rendimiento sufren, tienen miedos y trabas psicológicas como cualquiera de nosotros. Solo intento percibir qué es lo que necesita cada uno en cada momento para poder brindárselo”, resume Bautista. “Por ejemplo, Juan Martín (Del Potro) pudo despojarse de todas las presiones y por eso ganó la medalla”, continúa.

Bautista durante mucho tiempo fue feliz, pero desde que encontró al amor en Ana Caballero llegó a la plenitud. Enrique (20) es hijo de Ana y convive hace dos años con Bautista. “No comparto del todo sus creencias espirituales, pero aprendí de Bauti a ser activo y positivo en cualquier circusntancia”, cuenta Enrique.

Te declaro la paz y renuncio a cualquier forma violenta de resolución de conflictos. Así empieza Bautista todas sus conversaciones.

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