Alá, Facebook y el fútbol le dieron una segunda oportunidad

Muntala Mahumud logró escapar de una guerra de tribus en Ghana y gracias a su hermano futbolista vive en Argentina desde hace más de dos años.

Por Josefina Caprile.

Tras la muerte de sus padres y como consecuencia del resurgimiento del conflicto entre las tribus Mamprusi y Kusasi en Ghana, Muntala Mahmud, que en aquel entonces tenía 17 años, se tuvo que separar de todo lo que tenía en la vida: su hermano Bayan. Los jóvenes corrieron literalmente por sus vidas y recién dos años después supieron hacia donde había ido cada uno. Entre el 2010 y el 2012 Muntala vivió en Accra, la capital de Ghana, hasta que un mensaje en Facebook cambió su vida para siempre.

Para entender quién es Muntala es necesario saber quién es Bayan, su hermano menor, y qué fue de su vida durante esos años de incomunicación. Aquella desgarradora tarde de 2010, cuando los hermanos debieron separarse, Bayan logró subir como polizón en un barco que casualmente se dirigía a Argentina. Vivió en una pensión que le brindó la Comisión Nacional de Refugiados en Argentina (CONRAE) hasta que un cazatalentos del Club Atlético Boca Juniors lo vio jugando al fútbol en una plaza y le ofreció un contrato para participar en la división juvenil. Pero el muchacho se sentía incompleto. “Extrañaba a mi hermano. Es la única familia que tengo y solo podía ser feliz si él estaba cerca mío”, declaró Bayan en una entrevista de UNHCR ACNUR, la agencia de la ONU para refugiados. Hacia fines de 2012, una secretaria del club le sugirió al futbolista abrir una cuenta en Facebook para contactar a su hermano. Afortunadamente, Muntala y un amigo, desde el otro lado del Pacífico, tuvieron una idea parecida. Los hermanos se encontraron virtualmente en Diciembre del 2012 y Bayan hizo lo posible para conseguirle un pasaje.

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El reencuentro de los hermanos en el aeropuerto de Ezeiza, Buenos Aires ( Foto: http://www.acnur.org )

Después de un año de video-llamadas diarias con su hermano, Muntala Mahmud llegó a Argentina el 1 de enero de 2014 y, desde ese día, nada en su vida es lo que de chico se hubiera imaginado. Se instaló en Buenos Aires y trabajó a cambio de techo y comida para el representante de su hermano. “Iba a los bancos, llevaba papeles y cosas de acá para allá, pero necesitaba un trabajo mío. Bayan iba a irse a jugar a Francia y yo me iba a quedar, otra vez, sin nada”, cuenta.

Durante todo el 2014, Muntala no había sido más que la sombra de Bayan. Estaba enormemente agradecido pero sabía que necesitaba despegarse de su hermano para construir una vida propia.

El joven africano es también fanático del fútbol pero una lesión en los ligamentos se encargó de que tenga que abandonar el sueño de debutar profesionalmente. A pesar de tener una mirada tímida y siempre apuntando hacia abajo, la constante sonrisa de Muntala no pasa desapercibida. Se ríe de todo lo que le dicen y reza cinco veces al día para agradecerle a su dios, Alá. “Alá es lo que más me gusta en la vida. Alá, el fútbol y mi hermano Bayan”, dice con una sonrisa de oreja a oreja.

Muntala entrenando en Ghana en 2009

En 2015 Muntala consiguió trabajo en Pilar y decidió mudarse allí para no tener que viajar tanto. Construir su vida implicó volver a separarse de Bayan, quien a su vez fue contratado por un club en Francia, pero la tranquilidad de saber dónde está su hermano es todo lo que Muntala necesita. “Munti”, como le dicen sus compañeros de trabajo, se hizo muchísimos amigos en su nuevo barrio y logró que sus vecinos lo consideren un hijo más.

Pero a mediados de 2016, cuando finalmente parecía haber encontrado la estabilidad necesaria, un infección mal diagnosticada lo tuvo en el limbo entre la vida y la muerte. Muntala estuvo dos meses en terapia intensiva sin entender bien que le pasaba pero no perdió la esperanza. Salió del hospital hace unos días y con la misma alegría de siempre se ríe y dice: “Saldé mis deudas. La vida me dio algo y yo le tuve que dar algo también. Ahora ya estamos bien”.

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Muntala volvió a trabajar después de estar dos meses internado (Foto: Josefina Caprile)
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