Una multitud acompañó a las Madres de Plaza de Mayo en su ronda dos mil

Hebe de Bonafini, titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, encabezó un acto en el que se mostró contra el Gobierno y llamó a “resistir sin descansar”.

Por Lucía Estévez

Desde la confluencia de las avenidas Rivadavia, Roque Sáenz Peña y San Martín se oía la percusión de una murga que invitaba a seguir el ritmo. La música y la corriente humana llevaban a una suerte de predio festivo en el cual se vendía principalmente cerveza, garrapiñada y hamburguesas.  Parecía un evento para pasar en familia o entre amigos. En sentido contrario y a lo lejos, se imponía el obelisco en medio de un juego de luces y sombras propio del atardecer.

Las palmeras no eran las únicas que se elevaban sobre Plaza de Mayo. Estaban acompañadas por banderas: argentinas y partidarias, coloridas y blancas.  De la cintura de la Pirámide de Mayo se desprendían guirnaldas de pañuelos blancos con inscripciones como: “Nuestras amadas viejitas siguen pariendo sueños”, “Son un ejemplo” y otros agradecimientos. Era el jueves dos mil de las Madres. Como si con ello se indicara un día, un mes y un año.

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Cada banderín blanco poseía un mensaje de aliento para las Madres. Crédito: Lucía Estévez

Sin embargo, la jornada no sólo conmemoraba el número de rondas que dieron a la pirámide desde 1977 en pedido de memoria, verdad y justicia por sus hijos. Este jueves estaba cargado de indignación por las declaraciones del presidente Mauricio Macri en las que desconoció la cantidad de desaparecidos durante la última dictadura militar. Además, potenció el descontento al calificarla de “guerra sucia” en vez de “terrorismo de Estado”, como denunciaban algunos carteles y organismos de derechos humanos. Paula, trabajadora estatal de treinta y siete años, recordó cómo se vivían los 24 de marzo en su familia: “Siempre fue un tema de conversación en casa. Desde la secundaria que vengo a Plaza de Mayo a apoyar a las Madres en esa fecha”.

Cerca de las 17 comenzó un juicio simbólico, encabezado por el “pueblo soberano”, contra seis miembros del Gobierno actual. Una voz masculina coordinó la ceremonia y llamó al estrado a: Mauricio Macri, Gabriela Michetti, Alfonso Prat Gay, Germán Garavano, Juan José Aranguren y Jorge Lemus. Los acusados se presentaron en forma de banner amarillo, con una foto y una sentencia. Entre nombre y condena se alternaban silbidos y abucheos. La multitud no dudó en declararlos culpables. “Será justicia. Vamos a volver”, repetía Omar en susurros.

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Sobre el escenario se llevó a cabo el juicio simbólico con duras críticas hacia el Gobierno actual. Crédito: Lucía Estévez

El ánimo cambió cuando se anunció la llegada de la camioneta blanca en la que viajaban las Madres. De un momento para otro, la amargura viró a alegría. Cantos como: “¡Madres de la Plaza / el pueblo las abraza!”, dieron la bienvenida en el escenario a una anciana figura que cubría su pelo de blanco y su cuerpo de rojo. Hebe de Bonafini, líder de las Madres, entregó uno de los simbólicos pañuelos al diputado por el Frente para la Victoria, Edgardo Depetri. “Barro tal vez”, con acordes de Spinetta y la voz de Mercedes Sosa, musicalizó el momento.

Al discurso de Depetri siguieron las palabras de la periodista Nora Veiras; luego, Hebe. Otra vez. Furiosa con el Gobierno y la Justicia, la multitud festejó su rebeldía y asintió ante la consigna: “Vamos a tener que llenar muchas plazas para reivindicarlos… Porque hay que tapar tanta mierda”. Sus frases parecían palabra santa, la gente aplaudía enardecida. “¡Arriba la desquiciada!”, gritó irónicamente un hombre de unos 60 años. Esos largos veinte minutos, cargados de recuerdos familiares, reflexiones y provocaciones, concluyeron con un sentido “¡Viva la patria!” a eso de las 18.

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La multitud repudió las frases del presidente Mauricio Macri sobre la dictadura militar argentina, en una entrevista para BuzzFeed. Crédito: Lucía Estévez

La campana del Cabildo coronó el final del acto, como si se diera por concluida la sesión judicial aludida anteriormente. La plaza fue descomprimiéndose poco a poco. Los manifestantes se dispersaron a pie por las diagonales mientras se entremezclaban con aquellos que recién acababan su jornada laboral. El próximo jueves a las 15:30, como desde hace ya 39 años; misma cita, mismo lugar.

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