Se puede cambiar de todo, menos de pasión

Por Lucas Herman

Lanús venció 1 – 0 a Racing con gol de Montenegro y se quedó con la Copa Bicentenario.

Lanus Campeon
Lanús sumó su quinto título consagrándose campeón de la copa Bicentenario

Se trata de un sentimiento irracional, de un amor inentendido, de una pasión desmedida. Son 90 minutos en donde se dejan de lado las diferencias políticas, ideológicas y religiosas para unirse alentando a los mismos colores.

El domingo 14 de agosto se disputó la Copa Bicentenario entre Racing Club de Avellaneda y Lanús. El estadio Presidente Juan Domingo Perón se viste desde el 2013 únicamente de celeste y blanco, pero en esta ocasión, 15.000 almas granates invadieron el estadio. Resultó todo una novedad para los hinchas jóvenes dado que, algunos de ellos, presenciaron por primera vez en sus vidas, un partido con hinchada visitante.

Pitazo inicial. Francisco Probaos es hincha de Racing desde que nació. Tiene 20 años y asiste regularmente al cilindro de avellaneda desde el 2014, año en que se hizo socio y su amado club dio la vuelta olímpica. Llevaba puesto unas zapatillas, un pantalón largo y su cábala, la camiseta de Racing con el dorsal número 22 de su ídolo Diego Alberto Milito. Vivió el partido poblado de emociones y mientras insistía en comer las uñas que ya se había comido contó: “Es la primera vez que vengo al cilindro con hinchada visitante, es un espectáculo impresionante. Estoy muy nervioso, hoy hay que ganar como sea”.

Germán Delfino marca el final del primer tiempo. La gente respiró hondo y descargó la tensión acumulada para dejarla a un lado tan solo por 15 minutos. José intenta transmitir su amor por Racing a través de poemas que escribe por pasión a la escritura y a su club. Tiene 59 años y va a la cancha desde que tiene uso de razón. “Un partido con hinchas visitantes es algo único, el folclore que se vive con la otra hinchada es algo distinto, yo tuve la suerte de vivirlo por mucho tiempo, pero se extraña y mucho”.

Los hinchas se acomodan en sus lugares, comienza el segundo tiempo.  El partido escaseaba de situaciones, pero eso no privó a los hinchas de vivirlo con una mezcla de sensaciones que iban de la alegría a tristeza, de la esperanza a la desazón. El nerviosismo y la tensión se percibían con claridad, cada vez faltaba menos para el final del partido y el marcador seguía estático. Los hinchas traducían sus nervios en cánticos que alentaban a su equipo, intentando aportar desde afuera del campo de juego, su granito de arena.

Faltan 24 segundos para que se cumpla el tiempo final del partido. Las 15.000 almas que parecían no estar en el estadio explotaron de alegría y se abrazaron con desconocidos. Por el otro lado, desazón. Un silencio invadió por un segundo el cuerpo de los hinchas de Racing que vieron como se les escapaba la copa de sus manos.

Pitazo final. Los hinchas locales estaban desamparados, algunos parecían mirar un punto fijo buscando una explicación que no iban a encontrar, otros descargaron esa tensión con insultos a cualquier responsable de que eso estuviera sucediendo. Marcos Zarpeta miró hacia abajo y se tapó la cara con sus dos manos, una lagrima cayo por su mejilla derecha, la limpió, se paró y comenzó a aplaudir a sus jugadores. “Los pibes dejaron todo, ellos no tienen la culpa”. Marcos dejó la tristeza de lado, a otros les costará más, pero en el próximo partido estarán todos alentando a su equipo como si nada hubiera pasado porque se puede cambiar de todo, menos de pasión.

Escuchá el poema de José, el hincha fanático de Racing:

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