Runner Fest: donde chicos y grandes corren para ayudar

Por Lucía Colli

La carrera se realizó en los bosques de Palermo e invitó a toda la familia a disfrazarse, a donar, y a ponerse una nariz roja, símbolo en el mundo de la lucha contra la pobreza infantil.

La novena edición de la Runner Fest se celebró en un clima de fiesta y solidaridad con 2.020 apasionados el sábado en los bosques de Palermo. Bailes, actividades y el ritmo del evento fueron guiados por dos hombres vestidos de traje y sombrero, dos “hombres de negro”, que movilizaban al público y lo hacían reír con sus chistes.

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Los hombres de negro divirtiéndose mientras esperaban a los corredores. / Crédito: iloverunn

Con la consigna “un cupo, un juguete” los corredores completaron su inscripción donando un juguete en beneficio de la Obra Don Orione. BA Solidaria y los Scouts de Argentina colaboraron con la tarea de recibir y clasificar lo regalado. “Hay una alegría desmesurada, y eso es un gran fundamento para ayudar”, comentó alegre Emanuel Sosa, director de zona Devoto de los Scouts. La gente motivada llevó bolsas enteras. Y por ello, el próximo domingo se crearán 4.700 sonrisas en niños que están en hospitales, hogares juveniles y carenciados de todo el país.

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Emanuel Sosa y Emiliano Romero de los Scouts de Argentina recolectando juguetes para el día del niño. / Crédito: LC

La carrera invitó a disfrazarse y ponerse una nariz roja, símbolo en el mundo de la lucha contra la pobreza infantil. Superhéroes, piratas, bailarinas, Mario Bros y Luigi, el sapo Pepe y los más diversos personajes colmaron de color y diversión el lugar, transformando los bosques en un remix de cuento de hadas. Un grupo de 14 caperucitas rojas, formado por amigas que entrenan juntas los días de semana, asistió para contagiar el amor por el deporte. Una de ellas, Verónica, fue junto con su sobrina Abril y explicó que la carrera es una gran oportunidad para que los niños integren el ejercicio en su vida y lo vean como entretenido.

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El grupo de las caperucitas rojas reunido luego de haber corrido el Family Runn. /Crédito: LC

Los más chiquitos fueron los primeros en correr, formando parte del Family Runn, que consistió en un trayecto de un kilómetro acompañados por sus padres, tíos u abuelos. Las ansias en la mirada reiterada al conteo regresivo del cronómetro, los pies inquietos y las amplias sonrisas, marcaban un momento que jamás van a olvidar. Para muchos chicos fue su debut, su primera medalla debajo del arco. “Me costó mucho, algunos corrían muy rápido, pero llegué”, confesó Valentín que había corrido con su tía. “Me pone feliz que otro chico reciba un regalo de mi parte”, acotó el pequeño.

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Valentín y su familia descansando después de un arduo kilómetro. / Crédito: LC

Segundos antes de la carrera de adultos, personas con capacidades especiales tuvieron su propia pequeña competición. Aplausos y festejos los alentaban a correr con toda su energía. Luego se ejecutaron los siete kilómetros competitivos cuyos ganadores fueron Mariano Flor y Malvina Micheli. El público animaba inclinado sobre las vallas; y algunos niños de ojos brillantes las traspasaban para esperar a sus parientes en el último tramo de la carrera, para unírseles y cruzar, nuevamente, juntos la meta.

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Los niños se unían a sus familiares para cruzar juntos la meta. / Crédito: LC

La habilidad y el esfuerzo de los cinco primeros en llegar se premiaron con cupos en las próximas dos ediciones de la Carrera Verde y con respectivos trofeos y productos de regalo. La emoción y dedicación fue reconocida también al entregarse 80 premios a los mejores disfraces.

Los ganadores subieron al podio y festejaron la victoria. /Crédito: LC

El evento atrajo a novatos, a personas que querían animarse a hacer algo distinto, a niños que miraban con admiración a sus familiares deportistas. Pero también fue imán de fanáticos del running que practican diariamente el deporte que aman. Es el caso de Martín Kremenchuzky, quien se disfrazó de sacerdote y llevó un bolso con dólares junto con un amigo vestido monja, al completar su carrera número 200.

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Martín completó su carrera número 200 vestido de sacerdote junto con sus seres queridos que coordinaron sus disfraces. / Crédito:iloverunn
Grandes y chicos se disfrazaron y disfrutaron del evento. / Crédito: LC

Al bajar el sol, la fiesta llegó a su fin. Los niños se iban orgullosos con sus medallas, los grandes exhaustos por el esfuerzo. Todos alegres por haber contribuido a mejorar la vida de algunos niños y por haber compartido un día diferente, en familia.

 

Crédito: LC

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