La magia de las hinchadas argentinas

El torneo argentino está en trance. No se sabe cuándo va a empezar. Hace mucho que no hay fútbol y por esta razón el domingo pasado Boca y San Lorenzo decidieron organizar un amistoso.

Algunos dicen que el fútbol es un simple juego donde 22 jugadores corren atrás de una pelota y tratan de meterla en el arco contrario. Pero la gran mayoría del país lo vive distinto, la pasión es tan grande que se hace difícil encasillarlo en una definición tan básica.

El fútbol en la Argentina es más que un deporte. El domingo pasado a las 20 horas se enfrentaron Boca Juniors y San Lorenzo de Almagro en un amistoso en el Estadio Ciudad de la Plata. Además de lo que significa un clásico, lo interesante fue la posibilidad de que estuvieran presentes las dos hinchadas. Hace unos años se prohibió esto, ya que los violentos barrabravas han tomado gran parte del poder en los clubes y se hace difícil controlarlos.

La incógnita del evento se planteaba sobre esta novedad. A las 5 de la tarde, las calles aledañas al estadio ya se encontraban repletas de una multitud de niños, jóvenes, adultos y ancianos. Todos con banderas, remeras y gorros azulgrana. Eran hinchas de San Lorenzo que habían llegado desde todo el país para alentar a su equipo. Es que el fanático es así, es difícil de explicar. Él siempre está presente y no le importa si es un amistoso, un partido de torneo o la final de una copa. Su equipo es parte de su vida, y no puede dejarlo de lado nunca.

Los avivados vendedores ambulantes armaban sus tiendas a lo largo de la calle  presentando bondiolas, hamburguesas y choripanes. Carlos, de 50 años, explica que ésta es una de sus tantas changas para poder alimentar a su familia y agradece tener la posibilidad de hacerlo. La mayoría de hinchas gira su cabeza al pasar por el puesto de Carlos para lograr percibir un poco más el aroma. Algunos incluso, deciden dar la vuelta y comprar un poco de comida. “Siempre me esforcé por lograr lo que tengo, nadie me regaló nada”, asegura orgulloso.

Dos horas antes del comienzo del partido, los policías desplegaron las vallas de seguridad para que los hinchas se preparen para entrar al estadio. Este es un procedimiento normal para que no haya ningún altercado. La entrada fue correcta. Uno de los policías, llamado Pablo, pide calma. “Está bueno que la gente venga a la cancha, les hace bien. Lo ideal es que no haya ningún problema y  nosotros somos los primeros responsables de tratar de que no pase nada”, explica tranquilo.

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Entrada en calor minutos antes del comienzo del partido.

Crédito: Juan Bautista Smart

El estadio es imponente, moderno y muy tecnológico. Es muy superior a la gran mayoría de los de Argentina y se asemeja más a uno de Europa. Muchas pantallas LED, un gran sistema de sonido y mucha seguridad.  “Estoy impresionado con esta cancha, es la tercera vez que vengo y cada vez me gusta más”, asegura Matías, un joven de 21 años apoyado en el para avalanchas.

La hinchada de San Lorenzo cantando a pesar de ir perdiendo.

Crédito: Juan Bautista Smart

El encuentro fue bastante chato y lo ganó Boca Juniors 2 a 0. Pero el verdadero partido se jugó en las tribunas. Canticos, bromas y dedicatorias sin parar ni un segundo. Fueron 90 minutos de furia, de pasión y de locura. Es que así se vive en el país, es la enfermedad de que no importa nada, no importa el juego o los goles. Solo importa el amor a la camiseta y el “yo te quiero a pesar de todo y siempre voy a estar con vos”.

 

 

 

 

 

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