Comenzó un inédito ciclo de ópera que recorrerá la Ciudad de Buenos Aires

Estación Las Heras. 12 del mediodía. Trenes, subtes y pre-metros funcionando con normalidad. En ese contexto Ópera Periférica, la iniciativa de Pablo Foladori, estrenaba una adaptación de una ópera de 1733.

 

Por Josefina Caprile.

Un corto movimiento en las manos de Juan Casasbellas, el director de orquesta, fue suficiente para que la estación Las Heras de la línea H del subte se convierta en el escenario de un teatro del siglo XVIII. Diez músicos y cuatro actores se encargaron de acercar un género musical como la ópera a un público poco acostumbrado.

Violines, violonchelos y un teclado tocaron sus primeras notas cuando el director de orquesta dio la orden. La voz de Alfredo Martínez no tardó en robarse el protagonismo y con un grito barítono dio por comenzado el primer acto de La serva padrona (La criada patrona, en español). Aparecieron en escena el resto de los actores y de a poco fueron completando la sinfonía. “Es increíble cómo suena todo tan prolijo, tan fuerte y sin micrófonos ni parlantes”, le comentó una señora del público a un joven que también disfrutaba de la obra. La idea de Pablo Foladori, el director general,  era insertar a la ópera en lo cotidiano y para esto el sonido del subte llegando y los anuncios en el altoparlante de la estación eran necesarios.

La escenografía y la decoración eran mínimas. Alfredo Martínez, Cristian Jensen, Julieta Schena, y Candelaria Sesin, los protagonistas, estaban apenas maquillados y no había más que tres valijas pequeñas en escena. Los miembros de la orquesta estaban sentados en sillas de plástico y todos vestidos de negro. La obra debía poder montarse y desmontarse en cuestión de segundos. “En el imaginario, el que hace ópera tiene algo de majestuosidad a su alrededor. Por eso, apunté a que la gente pudiera despegarse de esa fantasía”, declaró Foladori a La Nación días antes del estreno.

Habían pasado apenas cinco minutos cuando llegó el primer tren y el público se duplicó. La desprolija primera fila le quitó unos centímetros al escenario simulado y las expresiones de los artistas reflejaron su satisfacción. La audiencia, de lo más heterogénea, estaba compuesta por jóvenes y adultos, fanáticos de la ópera y no tanto, gente que había planeado asistir y gente que estaba de paso. Mantenerse concentrado era un desafío para los intérpretes. “Pensé que me iba a distraer con los ruidos del lugar y las personas tan cerca pero me pude concentrar”, reconoció Juan Bringas, uno de los violinistas de la orquesta, encantado con el espectáculo.

Subte
La versión contemporánea de la ópera de Giovanni Battista Pergolesi (Foto: Josefina Caprile)

Tras 20 minutos cargados de emoción, el último agudo grito de Julieta Schena marcó el final del primer acto y el aplauso de quienes lo presenciaron eternizó el momento. Pablo Foladori, conmovido, salió de entre la muchedumbre, agradeció a los presentes con pocas palabras e invitó a todos a acompañarlos al segundo acto. La segunda parte de la ópera se llevaría a cabo en la estación Parque Patricios, también de la línea H, en tan solo 40 minutos.

Cada músico enfundó su instrumento, cada actor agarró su cartera y con la mayor naturalidad posible se subieron todos juntos al subte. Mientras ellos viajaban mezclados con el resto de las personas, la estación Las Heras volvía a ser la de siempre. El hechizo que la había transformado en un salón teatral se preparaba para deslumbrar a una nueva multitud impensada.

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